A un paso

“A un paso” es una obra compuesta por zapatos de cerámica que están colgando en el techo del lugar de instalación, estos están colgados de forma aleatoria alrededor de una bombilla que se enciende y apaga con la frecuencia cardíaca promedio de una persona, pero al estar alguien justo bajo la bombilla esta aumenta la frecuencia y da una sensación de alteración, alcanzando la velocidad que tiene el corazón cuando se tiene miedo o cuando se ha corrido.

La Frontera

“La frontera” muestra un carro blanco de dos ruedas, el cual está ubicado en un mapa de Medellín dividido por comunas, en este se desplaza el vehículo sin la posibilidad de pasar de una comuna a la otra, simplemente obedeciendo a un patrón, moviéndose de forma aleatoria pero sometido al espacio en el cual se encuentra inmerso.

 

 

 

Rutinas

Encontramos 4 relojes digitales compuestos por display de 7 segmentos los cuales, tienen dos tipos de función, en un primer plano encontramos que 3 de estos tienen la función de determinar cuando alguien está enfrente y aceleran hasta hacer evidente la hora real pero cuando la persona se aparta el reloj se detiene, mientras que el cuarto reloj va contabilizando el tiempo que estuvieron presentes las personas en observación de la obra.

Rutinas

 

El espectador de la obra puede observar un dispositivo cuadrado provisto de dos ruedas, el cual gira en contra de las manecillas del reloj tal vez apelando a querer regresar el tiempo en un ciclo sin fin, obligado a seguir la línea, sin la capacidad para abandonarla a pesar de que no hay una restricción física que lo obligue a hacerlo, tan solo porque hay unas reglas que debe cumplir y a las cuales se ciñe sin ningún tipo de cuestionamiento.

Prohibido soñar

Prohibido soñar.
Libro de artista
2015
22cm * 14cm

“-Así es. El hombre decían, debe afrontar la realidad. Debe Afrontar el presente. Todo lo demás debe desaparecer. ¡Las hermosas mentiras literarias, los vuelos de la fantasía, deben ser derribados a tiros! Y los alinearon contra la pared de una biblioteca un domingo por la mañana, hace treinta años, en 1975. Alinearon a Santa Claus, y al Jinete sin Cabeza, y a Blanca Nieves y Pulgarcito, y a mi madre la Oca. Oh, ¡Qué lamentos!, y quemaron los castillos de papel y las ranas encantadas y a los viejo reyes, y a todos  los que “fueron eternamente felices” (pues estaba demostrado que nadie fue eternamente feliz), y el “había una vez” se convirtió en “no hay más”.” (Ray Bradbury, Crónicas Marcianas, 1946)

 

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